martes, 13 de abril de 2010

A confesión de parte, relevo de prueba. Hernestina Herrera de Noble a un año del golpe

Buenos Aires, jueves 24 de marzo de 1977. Editorial del diario Clarín, por Ernestina Herrera de Noble.
“El compromiso nacional”

"El 24 de marzo de 1976 el país se encontraba en uno de los momentos más graves de su historia. Próximo a la desintegración, como siglo y medio atrás, cuando la Nación se disolvía en Repúblicas varias con pujos de independencia. El poder del Estado carecía de efectividad, puesto que no monopolizaba la fuerza contra la subversión en auge, y la que ejercitaba a bruscos ramalazos estaba falta de racionalidad y de moral cohesiva.
Los mecanismos institucionales no tenían la menor posibilidad cierta de volver a la normalidad, por cuanto se habían salido de madre y destruían los cimientos de la comunidad, destrozando a la República.
Los factores de poder excedían su función integradora ante la debilidad, bien notoria, del gobierno, al que imponían su ley. Era éste el caso de algunas direcciones gremiales logiadas, ante las cuales declinaban sus poderes las autoridades legales. Se alcanzó el punto del disloque con la carrera por los más altos salarios nominales corrida en oportunidad del “rodrigazo”, momento en que la falta de disciplina social se convirtió en norma y la justa reclamación de los trabajadores fue mal utilizada hasta lograr una alteración más profunda en la destruida economía.
En el concierto de las naciones civilizadas perdíamos crédito moral y material, en forma acelerada, puesto que nuestra situación constituía un hecho de conocimiento generalizado. También era de conocimiento internacional que no podíamos afrontar nuestros compromisos externos. Vivíamos al borde de la cesación de pagos.
Bastó que las FF. AA. tomaran el poder asumiéndose como responsables últimas de la sobrevivencia del Estado-Nación, para que retrocedieran los factores de desintegración. Se impuso el orden. Se restableció la confianza en el ámbito interno y en el orden internacional. Los objetivos inmediatos  del movimiento quedaron cumplidos en forma instantánea.
El día siguiente era el de la gran tarea. Quienes la asumieron sabían que la reconstrucción del Estado, cualquiera fuera el camino elegido para su logro, demandaría tiempo. En consecuencia, ni se fijaron ni aceptaron plazos sino objetivos. Sabían también que, les gustara o no, eran –son- herederos de una repetida tradición “revolucionaria”, que viene desplazando gobiernos desde 1930. Es decir, desde hacía –el 24 de marzo de 1976- 45 años largos. Por ello no admitieron llamar “revolución” al hecho del 24 de marzo, que debía quedar en la historia como un acontecimiento de signo distinto. Su tácitamente aceptado desafío consiste en hacer la revolución. No volver atrás.
Un año más tarde continúa teniendo total vigencia la propuesta de las Fuerzas Armadas. El General Videla señaló en un reportaje hecho por Clarín, hace apenas dos meses, cuál es la alternativa. O esa propuesta se desarrolla más allá de los enunciados generales o el país vuelve a una situación que cada vez más agravada se repite desde hace medio siglo.
Su postergación determina una creciente recurrencia de las crisis que protagonizan sucesiva y alternativamente gobiernos civiles y militares. La velocidad crítica en aumento nos coloca como nación, como comunidad y como Estado, cada vez más cerca de la desintegración y del alienamiento total a factores externos.
La transformación que requiere el país ha sido reiteradamente asumida por las FF. AA. El consentimiento de los sectores sociales las ha acompañado cuando ofrecían programas en ese sentido, porque la comunidad toda tiene consciencia de que para superar el atraso estructural, la formalidad democrática encuentra dificultades mayores.
El ser nacional, cuya identificación se procura en estos días, tiene definido el tema desde que emergió de la anarquía, tras la dictadura de Rosas quiso un régimen presidencialista, un Ejército fuerte.
Pero como ha dicho el presidente con claridad y cierto apremio indicativo: “Los gobiernos de las FF. AA. que no efectuaron en tiempo y forma una clara propuesta al país terminaron condicionados por la alternativa surgida desde los grupos opositares y debieron entregar el poder a sus adversarios”.
La Argentina de hoy acepta que históricamente cualesquiera sean los juicios que merezcan los gobernantes caídos, desde Juan Manuel de Rosas y Justo José de Urquiza, el desplazamiento les llegó a los gobiernos o bien porque no ofrecían programa adecuado, o bien porque agotado el realizado no atinaban a hacer otro, o bien porque el factor externo se imponía sobre el interés nacional.
Hoy, 24 de marzo de 1977, la subversión armada está derrotada y dispersa. El triunfo del orden no pudo ser más amplio. El Estado nacional tiende francamente monopolizarlo y ésa es la voluntad del gobierno de las FF. AA. Ello se ha logrado a un muy alto costo, que afecta a todo el cuerpo social.
Ahora se continuará dirimiendo en el campo ideológico, pero la victoria definitiva no se alcanza sólo en la confrontación principista. La causa de la libertad y la democracia se consolidará tanto más rápidamente cuanto más sólidas sean sus bases éticas, pero también sus propuestas materiales. Cuanto más se eleve la condición del hombre y de la comunidad.
En marzo de 1977 la economía soporta los riesgos de la inflación que no amengua. El salario real ha disminuido su valor rápidamente y no se recupera con los aumentos nominales. La presión impositiva se propone niveles muy altos, en todas las áreas. La inversión reproductiva sigue amenazada por el avasallador gasto burocrático.
Una revolución en curso tiene que verificar la marcha de todos los frentes. Colocarlos en pareja progresión constituye una condición de la victoria. Y, en todo caso, un compromiso que no cesa, porque con las FF. AA. lo ha asumido toda la nación."

Para que no parezca invento:
 

2 comentarios:

  1. Muy bueno!
    Me lo llevo para postear, citando fuente.
    Gracias!
    Saludos

    \P/

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